500 mil niños indí­genas


Aproximadamente el 61% de los niños y adolescentes guatemaltecos, más de 500 mil, trabajan en el sector agrí­cola, una de las peores formas de trabajo infantil, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).


«Se está poniendo en peligro la salud, la seguridad de estas niñas y niños, por cuanto en la mayorí­a de los casos están expuestos a sustancias agroquí­micas, manejo de maquinaria pesada, o bien a largas jornadas laborales y trastornos climáticos muy fuertes», afirmó Guillermo Dema, de la OIT.

Las declaraciones de Dema se dieron durante la presentación, la noche del martes, de un estudio en el marco de la conmemoración del Dí­a Internacional Contra el Trabajo Infantil, promovido por la OIT a nivel mundial.

«En Guatemala estamos hablando que, según las estadí­sticas, hay cerca de 500 mil niños que están trabajando por debajo de la edad mí­nima para optaral empleo, es decir por debajo de los 14 años y la gran mayorí­a de ellos pertenecen a pueblos y comunidades indí­genas», agregó el experto.

El consultor, quien se desempeña como director subregional del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC, por sus siglas en inglés), sostuvo que se pone en peligro la salud y el desarrollo de los niños y adolescentes.

«Este tipo de trabajo les impide tener acceso al sistema educativo, con lo que no sólo se pone en peligro la salud y seguridad, sino también su futuro profesional, pues al no tener estudios, difí­cilmente van a tener un porvenir mejor y se hace mucho hincapié en que este tipo de situaciones suscita la perpetuación de un ciclo de pobreza», agregó.

En este sentido, el estudio subraya que una de las causas por las que estos niños y niñas estén trabajando es la pobreza en la que están inmersas sus familias, y al dejar de lado los estudios sólo consiguen que se perpetúe el ciclo «perverso de exclusión y violencia», según Dema.

El vicepresidente de Guatemala, Eduardo Stein acepta las dimensiones que dicho problema alcanza en este paí­s centroamericano y sostiene que es un mecanismo utilizado desde hace décadas por las familias indí­genas para aumentar los ingresos del núcleo familiar.

«Este es un problema que se da por razones de exclusión histórica de los indí­genas mismos por dificultades de acceso a trabajo de sus padres. Es un recurso indispensable el poder incorporar a las criaturas a los trabajos regulares para redondear los ingresos del grupo familiar», advirtió Stein.

Pero, según Dema, además de evidenciar el problema en Guatemala, el estudio también refiere a una serie de recomendaciones para que el plan nacional de prevención y erradicación del trabajo infantil en el paí­s establezca estrategias particulares que permitan tener una incidencia y un impacto mayor en este tipo de comunidades.

De acuerdo con el informe, de un total de 937.530 niños, niñas y adolescentes que trabajan en Guatemala un 52,3% son indí­genas, de los cuales el 56,4% oscilan entre los 5 y 14 años, mientras el resto van desde los 15 hasta los 17 años.