Entre los pronunciamientos de esta fecha destacó el de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG): «Forjando la unidad en el crisol de las luchas». Declara: «A la unidad aspiramos siempre; pero es evidente que ésta no se concretará en lo abstracto. El consenso de las ideas y propuestas es siempre difícil de alcanzar… pero es una obligación ineludible cuando se trata de llevar adelante una lucha… se dan hoy intensas luchas por la supervivencia que solamente mediante la unidad de todos los que luchamos podrán alcanzarse resultados positivos».
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Continúa la RPDG: «Este 20 de octubre… podemos ver la conmemoración como un crisol de todas las luchas del movimiento social y las clases desposeídas de nuestro país… los que claman por alimento, salud, vivienda, trabajo, seguridad, educación y dignidad… los defensores de la tierra, los recursos, el ambiente, los derechos humanos, los derechos laborales, los derechos de los pueblos indígenas, los derechos de las mujeres, los derechos de los niños, los derechos de los marginados y también los derechos de los migrantes…» También se suma la lucha de EPA por defender la autonomía universitaria. «En este gran crisol, debemos forjar la unidad, sin exclusiones, hegemonismo o sectarismo».
La situación es crítica. Por un lado, la UNE ha buscado alianzas para continuar en el poder y sigue pensando en que la señora Torres es su mejor carta para la Presidencia, apostando a que la Corte de Constitucionalidad lo permitirá. Por ello, se ha aliado a partidos que han servido a la oligarquía, como el de Arzú. También lanza el anzuelo a la izquierda, en busca de financiamiento externo y legitimidad. Por otro lado, los sectores más reaccionarios, aglutinados en torno al concepto «Patriota» -patria del criollo y doctrina de Homeland Security- sueñan con el retorno de los generales y un gobierno de derecha a ultranza. Lo demás partidos, con contadas excepciones, constituyen el mercado de los favores de la clase política.
¡Basta ya! Hay que forjar la alianza de los sectores democráticos, populares y de izquierda, la de todos los que rechazamos el abuso de poder, la corrupción, la violencia -la represiva de antes y la de los sicarios de ahora- la impunidad y la proliferación del crimen organizado. Caben los partidos de izquierda, pero con igual derecho caben las organizaciones del movimiento social y fuerzas políticas nuevas. Las luchas nos obligan a la unidad, no en torno a «alguien», sino en respuesta a las necesidades y aspiraciones de las mayorías. No podemos ignorar a Encuentro por Guatemala, en gran batalla contra la corrupción. Tampoco a Winaq, que rescata la plenitud de los derechos de los pueblos indígenas. No se puede ignorar a las múltiples corrientes social-demócratas y mucho menos podríamos limitar la participación de la izquierda. Finalmente, también los migrantes queremos ser tomados en cuenta.
Es el momento de conformar un Frente Amplio. Su plan de gobierno ya existe, al igual que sus líderes y su militancia, en partidos políticos y en el movimiento social. Debemos actuar todos con humildad y reconocer que los candidatos tendrán que ser, no necesariamente los propios líderes, sino quienes tengan las mayores posibilidades de ser electos. Es el momento histórico de la unidad y la solidaridad.