191 años perdidos


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Doña Dolores compró los cuetes, su marido don Pedro, junto con otros, firmó el acta, se puso marimba y varias personas, más por curiosidad que por otra cosa, se acercaron al Parque Central para enterarse de lo que pasaba. Así supieron que ya éramos “independientes” de España, que más de 200 años antes, a sangre y fuego nos había avasallado, dominado y maniatado.

Héctor Luna Troccoli


Lo que no sabían estos buenos vecinos de la Nueva Guatemala de la Asunción, es que 191 años después de ese singular evento, continuamos peor. Avasallados por la violencia, dominados por la corrupción y la impunidad y maniatados por criollos mestizos, indígenas y más extranjeros que no provienen solo de la Península Ibérica, sino de otros lugares donde se hablan lenguas extrañas y se domina, como en el pasado con el poder del dinero, de las amenazas y de la buena vecindad…

Hemos perdido 191 años, y más que eso, hemos retrocedido 191 años en todo: en ese 15 de septiembre del pasado, existía una gran nación que partía de Chiapas y Soconusco hasta la frontera del Darién. Ahora Chiapas y Soconusco es mexicano y en vez de una tierra de mediana estatura somos cinco enanos unidos por el presente de la corrupción social, política, empresarial, comunitaria e individual. No somos cinco hermanos como dice una canción, somos cinco desconocidos pisoteados por los demás y cada uno “como una gran familia” ha padecido en 191 años dictaduras, y guerras y en esta era civilizada, de políticos marrulleros que junto con otros que disfrutan del poder, se llenan los bolsillos de dinero, mientras otros, muchos, se mueren de hambre.

Y aún así lo celebramos. Primero con desfiles semimilitares (mal remedo de los chafas), y ahora, con desfiles semimilitares a los que se le agrega alegres melodías extranjeras como el reggaeton, la salsa, la rumba, el mambo, el merengue, etc. en donde adolescentes empiezan a mostrar sus encantos para que los disfruten los pervertidos, que al menos en este pedazo de terreno, se han convertido en violadores de alto nivel.

Hace 191 años existía una aristocracia peninsular y otra criolla y una mezcla de ambas, en donde el indígena, con escasas excepciones, casi siempre estaba en el abandono. Igualito que ahora, solo que la aristocracia es la suma de todos los antivalores que han crecido por tantos años en ese frondoso árbol de hipocresía de los falsos líderes que nos han gobernado. Por lo menos, en el pasado existía más paz, menos hueveo, menos engaños, menos delitos, menos robos, menos rechazos cínicos para no poner un alto al enriquecimiento ilícito. Por eso me alegra que uno se muera de una vez por todas, sin posibilidad alguna de resucitar, porque si ello ocurriera con nuestros próceres, estarían obligados moralmente a suicidarse al ver la sociedad que se creó después que firmaron la famosa acta y que varios años después Carrera firmara otro papel donde establecía que Guatemala era una República, lo que parecía ser el milagro oportuno para que todos fueran buenos y honestos. Al llegar el 15 de Septiembre no dejo de sentir especial alegría porque el colegio de curas donde estudiaba me expulsara por  escaparme, con otros dos compañeros, del desfile que ya iba al Estadio Nacional.  ¡Es lo mejor que he hecho en ese día glorioso!

LA LEY QUE NO QUIEREN LOS CORRUPTOS. Allí están. En el edificio de la 9ª. avenida frente a la antigua Facultad de Derecho. Ese lugar en donde ahora, Alí Babá tiene a muchos competidores. Un poco más hacia el norte, en el palacio de Ubico y la llamada Casa Presidencial, otros aplauden porque la ley contra el enriquecimiento ilícito no es aprobada para no lastimar a los corruptos… Y así dicen que se combatirá  la corrupción y la impunidad ¡Qué cueros!…