10 años después…


«La naturaleza nos recuerda siempre la vulnerabilidad, pero nosotros nos empeñamos en no hacerle caso»

José Luis Loarca.

El mes de noviembre de 1998 recibe a los guatemaltecos con lluvias torrenciales que provocan muerte y desolación. El paso del Huracán Mitch por el territorio nacional evidencia la vulnerabilidad del territorio, de la población, de las instituciones y la falta de polí­ticas públicas al respecto.

Edith González

Una situación que poco ha cambiado, pese a la persistencia del mismo número de eventos naturales y la existencia de mayor peligro, debido a la urbanización no planificada y el rápido y desordenado crecimiento de las ciudades con impacto negativo en el medio ambiente y equilibrio ecológico, por la densidad del uso de la tierra, la deforestación y la pérdida de cobertura del suelo, así­ como la contaminación, la deficiencia de servicios de drenaje y cambios en la superficie de terrenos que incrementa la acumulación de aguas de lluvia, con el riesgo de deslizamientos de tierra.

Seguimos deforestando y poblando las laderas de los barrancos con viviendas de frágil construcción, cambiando los cauces de los rí­os y socavando las montañas, sin que las autoridades, especialmente Conred cumpla con su función de prevención y mitigación de desastres, aunque presuma de un vehí­culo de última tecnologí­a.

Según José Luis Loarca, asesor nacional, en respuesta a desastres de la oficina para la coordinación de asuntos humanitarios de las Naciones Unidas, no estamos lejos de presenciar un nuevo evento natural que afecte especialmente a la población de escasos recursos, vinculada a los sitios de alto riesgo, y Guatemala es un paí­s de múltiples amenazas, en el que la misma riqueza natural se convierte en una más.

Para Julio Martí­nez, residente del Sistema de ONU en Guatemala, el problema de la vulnerabilidad ante los desastres naturales es recurrente, sin que se logre ubicar en el desarrollo de las poblaciones y es que empezamos a acostumbrarnos al término desastres naturales, por lo que es necesario cambiar la percepción de la ciudadaní­a al respecto y hacerle ver que mucha de la destrucción puede evitarse como pueden salvarse vidas tomando precauciones, educando a las personas y solventando los obstáculos de las creencias religiosas; provocando cambios en actitudes y acciones.

Un grupo de trabajo integrado por 14 organizaciones especializadas en gestión de riesgos realizó un estudio 10 años después del huracán Mitch en el que evalúa las acciones tomadas y plantea la optimización de acciones a futuro. Una de las recomendaciones principales es la inclusión en la currí­cula educativa del tema gestión de riesgos, para formar ciudadanos más conscientes con su ambiente.